miércoles, 4 de noviembre de 2009

EL DUALISMO DEL CRISTIANISMO (PARTE I). CRISTIANISMO PRIMITIVO

Como nos lo han mencionado, el cristianismo, a lo largo de la historia, al menos en Occidente, es una pieza fundamental en su pensamiento, o al menos lo fue en la mitad de su historia. Sin embargo, esta religión-filosofía no siempre fue la que conocemos actualmente, sino que sufrió, desde sus inicios, modificaciones que uso para expandir su territorio y llegar a ser la “utopía de una institución”; es decir, ser universal en tanto filosofía y como una Iglesia o Religión.

Su antecedente más remoto lo encontramos en la cultura semítica, situada mucho antes que la cultura griega. En este marco semita, se tenia la idea cosmológica creacionista; la noción de hombre, conocida como Nefesh, es concebida como una “unidad viviente”, dando lugar a la idea de que se trata esta cultura de un monismo.

Esta creación es concebida por Dios, y de esta afirmación se sigue que la creación es buena. De aquí es donde se preguntan el porque del mal y de su surgimiento. Mientras que en los griegos “la realidad es creadora de mal”, a los semitas, junto a la problemática de la creación, la sitúan en un mito; es decir, lo justifican con lo que conocemos como el Génesis. En este, el hombre (Adam en semita) y su pareja, Eva, después de ser creados a semejanza del creador, les deja lo demás de la creación a sus manos. Entonces, para que se introduzca el mal, recurren a una figura simbólica, en este caso a la de la serpiente, ya que, teniendo en cuenta su situación geográfica, a lo que hay que temerle, a parte del desierto, es a las serpientes. Pero no entra el mal por esta, sino que, gracias a la tentación y al desobedecimiento, son expulsados del paraíso y “caen, de una situación semi-divina, a lo mortal”. De esta afirmación, al momento de la caída, se nos otorga la libertad, y gracias al acto de libertad, es como llega el mal. Entonces, de este mito, se hace a Adam como símbolo de finitud, a Dios como único ser divino y, como tarea del hombre, regresar a ese sitio del que fue despojado.

El proceso que seguiremos para regresar a la gracia de Dios es lo que llaman Redención, y lo justifican, al muy estilo griego, por lo que viven en la Tierra. Como sabemos, en oriente y norte de África, donde se sitúan, solo es desierto, por eso es necesario estar siempre con gente; además, los que hacían viajes era necesario que no fuesen solos. Por esta razón, entra la idea de la responsabilidad, y sobre todo de la ayuda a los demás, sobre todo a los más necesitados. Gracias al mito adámico, es como se conciben como hermanos (consecuencia de esto es la idea de que todos somos iguales; es decir, creación de Dios, por eso nadie puede ser más que otros); y por este y gracias igualmente a las acciones de responsabilidad, es como llegamos a la redención, y a la gracia divina. También, agregando un punto importante a esta mención, todo este sistema se da gracias a que el hombre tiene la voluntad de hacerlo, ya que de su voluntad sabremos si entra el mal o regresa a la gracia divina.

Otro aspecto que hay que mencionar es que “no hay dualismo en esta visión con respecto al cuerpo”. Para estos, el cuerpo es un regalo de Dios, por lo que de aquí se sigue que el cuerpo representa su vida. Para los semitas, el cuerpo es una triada, hecha por el ruaj (la expresión sentimental), el basar (cuerpo o carne) y la nefesh (o el alma viviente, esta referente). Esta triada antropológica no se podía separar, y si eso sucedía el hombre perecería. Con respecto a este punto, en este pensamiento no había trascendencia, como en el griego; aquí, al morir se desaparecía. Empero, gracias a Dios, en el fin de los tiempos, el hará en los cuerpos su resurrección, y serán eternos (esta idea, claro esta, es diferente a la reencarnación griega, la cual se basa en el alma, que es la eterna y solo cambia de cuerpo; aquí funciona que nuestro cuerpo resucitará de la muerte y viviremos de ese instante por siempre).

Entonces, ¿cómo se puede concebir la figura de Lucifer en el cristianismo?; ¿En que punto el alma se vuelve importante para Dios, y desechamos el cuerpo?; ¿Qué es el purgatorio y en verdad existe tal estado después de la muerte?; ¿El hombre mantiene su voluntad, después de todo?; y sobre todo, ¿porqué se perdió esta concepción del mundo, y en cambio quedo de una metafísica bien fundada a una noción dogmática y contradictoria con sus principios? Esto lo tratare en la siguiente entrada.
González Hernández Juan Manuel

LA NATURALEZA DEL DUALISMO. IMPORTANCIA

Cuando caminamos hoy por hoy en las calles, al ver las propagandas, o al mirar el televisor; es mas, estando más en nuestro ambiente, al leer una buena novela o un cuento, en la mayoría de las ocasiones, si no es que en todas, nos hemos de encontrar con dos tipos de “bandos”, a saber, el que ocupamos a favor de nuestro personaje protagónico y su competencia, su antagónico. Desde tiempos remotos en la humanidad ha aparecido el dualismo, desde las mitologías, hasta en las series que nosotros llegamos a ver en la televisión o las películas en los cines. Podemos hasta de igual manera pensar que nosotros mismos como individuos tenemos nuestra parte mala, un personaje el cual lo identificamos como nuestro rival, o visto como nuestra contraparte, o como algunos se atreven a llamarlo, el “gemelo malvado”.

Como sea el caso, al parecer el dualismo nos invade, y si quisiéramos salir de él seria una tarea nada fácil, o desagradable en algunos casos. Aunque para mi punto de vista, en un mundo donde el dualismo ha existido desde hace mas de dos milenios contando desde que naci (auméntele casi 20 años más), es prácticamente imposible hacer esta tarea, ya que desde que nacemos, traemos con nosotros esta noción, no como el pecado original o algo así, sino que nos marca por la tradición y las costumbres en la que somos colocados. Por consecuente, después de su adquisición, lo vemos, al tener ya una noción de la vida, como algo meramente natural, o si es que no nos hemos dado cuenta de que estamos atrapados en este, aunque lo divulguemos con una naturaleza, como si habláramos de lo que paso ayer en las noticias.

Así, cuando lo busquemos, en cualquier diccionario por lo regular nos dirá: “Creencia religiosa de pueblos antiguos, que consistía en considerar el universo como formado y mantenido por el concurso de dos principios igualmente necesarios y eternos, y por consiguiente independientes uno de otro”; o que es una “Doctrina filosófica que explica el origen y naturaleza del universo por la acción de dos esencias o principios diversos y contrarios”; o simplemente como “dualidad”. A lo único que nos remite estas definiciones básicas es a dos cosas: a que proviene de muy lejos (refiriéndome al tiempo y el espacio en algunos casos concretos) y, de igual manera, que en estas regularmente se juega el destino dos entidades contrapuestas.

Como podemos darnos cuenta, el tratar el dualismo no es algo fuera de nuestra experiencia; mas no obstante, el tratar de problematizarlo, o el tratar de salirse de este es ya casi imposible (si no es que ya lo es). En tanto, como lo tomamos y como ha sido tomado, el intento para salir de este es prácticamente como darse un tiro, o como dejar de pensar, así de apegado es a nosotros.
Prácticamente podemos afirmar que la naturaleza del dualismo es nuestra naturaleza, y así como tratamos de sobrevivir en la sociedad, así también buscamos, algunas veces inconscientemente, a nuestro opuesto con el cual batirnos en una competencia por la vida y la muerte (véase en todos los sentidos que lo quiera ver). En fin, dado que el dualismo, al parecer representa esta naturaleza, me gustaría tratar de ver, en las siguientes entradas, como se desarrolla el papel del dualismo en el pensamiento que nos ha cultivado en casos no tan concretos, pero si para mi parecer de gran importancia.
González Hernández Juan Manuel

Job

En varios de los mitos griegos podemos encontrar similitudes a las tragedias que Job padece por la prueba de Dios, las tragedias griegas refieren temas parecidos como en Prometeo quien es condenado a ser encadenado a la montaña por haberse revelado en contra de Zeus robando el fuego de la casa de los dioses, Edipo Rey sufre el castigo de los dioses por un pecado que él no era consciente de estar cometiendo, Hërcules no ha pecado, pero aun así sufre las calamidades y tragedias impuestas por sus dioses. Es evidentemente el sufrimiento del inocente y el gozo del malo. Ya desde la más remota antigüedad los pensadores se han enredado en el espinoso problema del hombre bueno que sufre y del malo feliz. Incluso Platón se preocupó del asunto y le dio una formulación precisa, aunque sin encontrarle una solución que no chocara contra la filosofía y la moral.

Es este es el tema central que trata el libro de Job, el protagonista es un hombre religioso, bueno y justo, a quien Dios permite que el demonio someta a numerosas y desgarradoras pruebas. Mientras Job sufre bajo las pruebas más insoportables que Satanás pone a su paso, tres amigos intentan consolarlo, tratando de convencerlo de que si sufre es por culpa de sus propios pecados, Job se enoja y se defiende, pues él sabe que eso es un infundio y rechaza ese argumento con energía. Cuando aparece un cuarto amigo que explica que el sufrimiento templa al alma y al espíritu, Job continúa quejándose. Por último, Yhavé en persona se hace presente para reprende a Job por no haber aceptado Su voluntad y por sus quejas, y devuelve al protagonista a su antigua felicidad.

La pelea interior de Job era brutal, se le presenta un dualismo radical entre lo bueno y lo malo en si desde una óptica bíblica. Job, un hombre justo que es tentado por el mismo demonio con diversos sufrimientos que van desde desastres familiares, pasando por lo económico hasta llegas a sufrir por su salud, aun con estos pesares sobre él, seguía afirmando que sólo era íntegro gracias a la bendición Dios.
Dios mismo permite a Satanás poner a prueba la fe y la paciencia de Job aunque prohíbe que tocara su vida. Job rechaza esta interpretación y el mismo Yhavé le hace ver que tanto las afirmaciones de sus amigos como sus quejas son improcedentes pues Dios es omnipotente y prueba el corazón de sus hijos para darles aun mas bendiciones como el caso de Job. Al final Dios comprueba la lealtad de su hijo Job y lo recompensa con el doble de todo lo que poseía.

martes, 3 de noviembre de 2009

Realidad plegada

Realidad plegada.

Por Manuel Martínez Márquez

¿Qué entendemos por afuera? ¿Acaso será aquello indeterminado, aquello que no se puede decir –si es cierta la triada lenguaje-pensamiento-realidad – eso que Rudolf Otto llama lo numinoso? ¿O será simplemente lo diferente, eso que a cada repetición se presenta como espectro, como forma diseminada, o mejor aun, como punto de inflexión del pliegue que al desplegarse forma otro y otro pliegue, afirma Deleuze siguiendo a Leibniz?

Parece que el afuera real es un pliegue que se comunica con otros pliegues a través de puntos de inflexión que se proyectan a distintos puntos del espacio (curvo por supuesto, esto sería imposible en un espacio euclidiano) comunicando así a las mónadas que conforman el universo.

Aquí cada mónada es diferente, única e irrepetible, capaz de comunicarse con otra sólo merced a su interioridad. Es decir, no sale de si para alcanzar a la otra, en lo absoluto. Se comunica con otra, digamos, por vibración nunca por rozamiento.

La mónada está plegada o si se prefiere está en el centro de un pliegue. Se encuentra oculta, incomunicada, sin embargo hay algo que permite inferir que bajo ese pliegue hay algo más. Ese algo es la curvatura del espacio, curvatura que nos impide ver todas las caras de un objeto a la vez, que nos hace percibir tridimensionalmente: condición de posibilidad de todo ocultamiento y develación. La curvatura es lo que permite hablar acerca del dentro o fuera del pliegue. En suma nos permite concebir al pliegue.

Pero ¿qué se entiende por pliegue? La RAE define pliegue como: Doblez, especie de surco o desigualdad que resulta en cualquiera de aquellas partes en que una tela o cosa flexible deja de estar lisa o extendida. Queda claro que sobre un espacio plano esto se vería más fácil, sin embargo nuestro espacio es curvo, por ello el pliegue es condición de posibilidad de nuestra percepción. Percibimos pliegues. Las mónadas que hay en ellos somos nosotros. Distintos, alienados uno del otro, incapaces de entrar en el pliegue del otro sin formar otro pliegue más. Sin embargo hay comunicación entre nosotros, nos percibimos, interactuamos a pesar de nuestra diferencia. Uno sale de si para intentar ingresar a al pliegue del otro, pero al hacer tal cosa se crea otro pliegue distinto al que había antes.

Lo importante aquí es resaltar que no hay un afuera absoluto, que al intentar salir de un pliegue se vuelve a crear otro y otro y otro más. Dicho en otros términos, jamás se sale de un contexto absolutamente. Al intentarlo se entra en uno nuevo. O si se prefiere, se salta de esfera de discurso en esfera de discurso, pero el discurso no se abandona.

Con ello queda claro que en la experiencia mística que propone Otto no se “sale” absolutamente de nada. Se entra en algo más.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Fantasma del dualismo

Fantasmas del dualismo

Por Manuel Martínez.

El dualismo genera sus propios fantasmas. ¿Qué significa dicha afirmación? ¿No será que se intenta decir que el dualismo por definición acarrea consigo algo más? Por supuesto, pero ¿qué es ese algo? La respuesta parece ser sencilla: La pluralidad, la diferencia. Diferencia no dicha pero presente, ausente pero perceptible como la sombra o el espectro de algo. El fantasma es algo que sugiere una presencia pero que a su vez contraviene toda fijeza, toda representación, toda identidad.

Vimos con Kafka que el absurdo, la desesperación, el sufrimiento y la ironía son herramientas que niegan la presencia, que transgreden la ley, ley moral que condiciona la existencia óntica y ontológicamente. Según Deleuze hay dos formas de transgredir la ley moral: supeditándonos en extremo a ella, gozando con aquello que debería ser deleznable, manifestando así la imposibilidad de dicha norma. O bien demostrar que ella no es otra cosa que una convención carente del centro determinativo inamovible que pregona.

Kafka logre la trasgresión en función del quiebre del principio de identidad y de no contradicción, ello lo hace en sus aforismos que más que afirmar o negar algo se muestran bajo la forma de, dirían los lógicos, falacias informales. “5. Si se llega a un punto determinado, ya no hay re­greso posible. Hay que alcanzar ese punto.” “61. Quien ama en el mundo a su prójimo no co­mete una injusticia mayor ni menor que el que se ama a sí mismo en el mundo. Sólo queda la cuestión de si lo primero es posible.”

Para Kafka la desesperación y el desamparo se darían si en verdad existiera un fundamento inamovible. Eso sería lo terrorífico, mas lo que propone Kafka es ver la diferencia. Ver que el desamparo y la desesperación son motores que abren un abanico de posibilidades.

Este mundo se piensa con la identidad. Al judaísmo se le piensa desde la identidad que le dan Moisés y Abraham (y el meta-relato posterior). Pero según esta línea de pensadores se debe pensar en la diferencia. La diferencia como variación como centro de indeterminación.

Relato y Mito

Relato y mito

Por Manuel Martínez

Se ha dicho que la narración es la piedra de toque de toda tradición, en el sentido de que es a partir del continuo tejido de historias y de la re-elaboración de las mismas que se instaura un relato como pilar de una cultura. (Cave aclarar que por relato se entiende a la estructura epistémica o paradigmática que articula a un agrupamiento cultural)

El caso del judaísmo no es la excepción. A pesar de pregonar una revelación del relato es claro que se ha constituido poco a poco. Es cierto, parten de un monoteísmo que intenta rechazar el politeísmo prístino de su grupo étnico, sin embargo éste brota, pulula en cada intento de esquematizar su mito originario.

Tenemos el caso de la tradición abrahamica, raíz de las tres grandes religiones de occidente. En ella si bien ya está presente el monoteísmo, el dualismo es la clave interpretativa de dicha tradición.

También está la teodicea del génesis, la creación del mundo y de la vida que hay en él, incluyendo la maldad. Tal vez éste es el punto que más explica las peripecias de muchos exégetas bíblicos. ¿Cómo es que Dios siendo infinitamente bueno ha creado el mal? No lo creó –dicen algunos- es la zona donde falta Dios. Otros dicen que hay maldad en el mundo porque en el mismo Dios la maldad está presente. A esta tesis se le añaden consideraciones semánticas respecto al término de maldad; lo que uno percibe como maldad no es otra cosa que terror. Es lo numinoso, la cara de lo absoluto, de lo indeterminado: el lado B de Dios. Y como parte de él resulta fascinante contemplarlo e incluso resulta nada deleznable experimentarlo. El mal es pues el misterium tremendum.

Estas interpretaciones nacen a la sazón de un eje rector, a saber la justificación a posteriori del mito. El mito per se no necesita justificación, es la primera piedra, el cimiento, cimiento que in nuce implica un edificio. Por el contrario, lo que sí la requiere es la instauración del mito como meta-relato, como episteme de una cultura, pues en ese momento trata de esquematizar la vida óntica y ontológicamente. Ya no es momento de onomatopeyas, es tiempo de conceptualizar trascendentalmente.

Es decir, la narración posibilita la creación del mito, engrana de tal manera que al desarrollarse puede, sobre la marcha, justificar su camino, instaura el modelo ad hoc, modelo que se irá adecuando conforme la práctica lo requiera.

La determinación de Cristo

Karen Hernández Peralta

Podrían dividirse las cosas de la vida en dos categorías: aquellas que desaparecen cuando las negamos y aquellas otras de realidad misteriosa que, aun negadas, dejan intacta nuestra relación con ellas. Así, eso que oculta en la palabra, casi impronunciable hoy, Dios.
María Zambrano.

El evangelio canónico de San Marcos se esfuerza en narrarnos brevemente las acciones llamadas “milagrosas” de Jesús hasta su ascenso al cielo, describiendo claro, el momento de su crucifixión. Es interesante notar al respecto algunos matices en el relato.

Jesús sanaba cualquier tipo de enfermedad, “Y donde quiera que él entraba, ya fuera en las aldeas, en los pueblos o en los campos, ponían a los enfermos en las calles y le rogaban que los dejara tocar siquiera el borde de su capa; y todos los que lo tocaban, quedaban sanos.” (6. 56) Pero él atribuía sus acciones a la fe de las personas que benefició, “- Hija, por tu fe has sido sanada. Vete tranquila y curada ya de tu enfermedad.” (5. 34) Fue de esta manera como Jesús puso en cuestión las creencias judías que negaban la posibilidad de cualquier hombre de sanar de tal manera. No sólo esto, él enfatizaba su propia capacidad de hacerlo, incluso de perdonar pecados:

… voy a demostrarles que el Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados.
Entonces le dijo al paralítico:
- A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.
El enfermo se levantó en el acto, y tomando su camilla salió de allí, a la vista de todos. (2. 10, 11 y 12)

Así fue como Jesús obtuvo tanto reconocimiento como enemistades. Lo cual, aunado con de una serie de acciones específicas, llevaron a este personaje bíblico a su crucifixión. Acontecimiento nada ocasional. Jesús lo anunció tres veces. Él sabía que estaba determinado a este fin. Sin embrago, en el cenit de su agonía, gritó: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (15. 34)
La historia de Jesús está completamente dada. Aunque no se comprenda por qué padeció tanto antes de morir, incluso sin que él lo sepa del todo. Cristo se mueve bajo una voluntad ajena que prescinde de su decisión. Quizá podamos decir que Jesús fue protagonista de un relato que no construyó. El fin y el camino no estaban para escogerse. Una determinación divina que el mismo Jesús no logró superar.