martes, 16 de noviembre de 2010

El gnosticismo como anómalo

Juárez Soltero José Roberto
El gnosticismo como anómalo.
Cualquier acercamiento con el gnosticismo, por más leve que este sea, acarrea por lo menos dos problemas. El primero es el historicismo que como un Hegel particular categoriza el monstruo de la civilización. El monstruo se desarrolla y se desenvuelve dejando que en él se resuelvan, con trozos de concretización, sus propias contradicciones. Sin duda lo contingente, lo “abstracto” queda fuera. Al plantearnos que la civilización tiene condiciones marcadas como principal paradigma, fundamos nuestra interpretación y la subsiguiente explicación de porqué el gnosticismo no perduró. Sin lugar a dudas categorizamos a la civilización con propiedades casi necesarias.(1) Pero corremos el riesgo de categorizar aquello que no perduró con el mismo carácter necesario. Como consecuencia podemos decir que el gnosticismo es necesariamente un sistema anómalo y lo categorizamos a priori como contradicción de la civilización, y cualquier rastro contingente, o lo negamos, o lo elevamos a un carácter necesario.
El otro problema viene de hacer una decostrucción a conveniencia, dado que no podemos negar lo cercano que es el cristianismo a nuestra propia historia. Una decostrucción es posible en todo caso, si el sistema es contingente, si pudo ser de otra forma, con lo que uno puede plantearse ¿Qué hubiese pasado sí el gnosticismo hubiese ganado? La misma pregunta, por el hecho de poder plantearse, cae en contradicción inmediata con nuestra primera formulación. Entonces tenemos un tercer problema, si lo anómalo se caracteriza por mostrar el hecho de que la historia y la civilización no esta marcada, de que pudo ser de otra forma ¿Cómo es que adelantamos una explicación a su desaparición?
No podemos responder la pregunta anterior si en efecto todo es contingencia, por lo cual tendremos que ser dualistas desde nuestra posición inicial, esto quiere decir que haremos como si hubiera secuencias, que no es lo mismo que decir que hay sentido. Las secuencias o las ocasiones que nos permiten crear el sentimiento de orden lo ponemos nosotros, por eso nos representaremos dualistamente entre el mundo de lo humano y todo lo demás, que será nuestro otro no-humano.
El punto de unión (lo humano ilusoriamente significativo) entre los dos dualismos que nos interesan, lo explicaremos desde un desprecio a la vida. Dice Campbell: “El eje de la curiosa dificultad se encuentra en el hecho de que nuestros puntos de vista conscientes de lo que la vida debería ser, pocas veces corresponden a lo que la vida realmente es.”(2) La civilización y en cierto modo todo intento de significar, es impulsada por nuestras tentativas de desacuerdo. Queremos una vida más grata que la que tenemos o por lo menos queremos expulsar aquello que no nos es grato, entonces la vida se expulsa a si misma. Que el dolor y el sufrimiento existan para conservar nuestra existencia carente de sentido, redunda en una petición de principio, vivimos para sufrir. La alegría en contraparte es elección propia, nos ganamos a pulso de nuestro esfuerzo nuestra felicidad, lo cual se explica con aquella vieja recompensa biológica. La civilización es entendida como esfuerzo humano de quitar lo negativo. Pero por debajo del esfuerzo humano hay dioses, categorizaciones simbólicas (que por conveniencia lo reduciremos a impulsos biológicos).
Con lo ya dicho obviaré mi tesis: no existe lo anómalo y esto corresponde a dos razones. La primera es evitar la paradoja introducida al principio, y la segunda es que lo anómalo es parte del juego simbólico civilizatorio. El evangelio de Felipe dice:
“Luz y tinieblas, vida y muerte, derecha e izquierda, son hermanos entre sí. Son inseparables. Por esto ni el bien es bien, ni el mal es mal, ni la vida vida, ni la muerte muerte. Por esto todos se disolverán en su naturaleza original. Pero aquellos que son exaltados sobre el mundo son indisolubles, eternos.”(3)
¿Cómo puedo decir que esto no es anómalo? Tomemos de ejemplo a Dionisos. El dos veces nacido, aquel en donde vida y muerte son parte del mismo ciclo. Entonces, si el sacrificio es simbólicamente compensatorio para darle sentido a nuestra propia muerte, se sigue la creencia de que existe algo más allá de lo llamamos impulso biológico. La vida tiene sentido más allá de ella. Dionisos representa un grado menor de misticismo, dado que el es el auto-sacrificado (por así llamarlo), una sola figura sacrificada simboliza lo que antes lo hacia un acto repetitivo. Parece que la vida cobra orden en su aniquilación, es decir, la vida no es una fiesta porque no exista orden, sino porque el desorden comprueba que existe un orden o sentido ulterior que atraviesa a la existencia, algo ajeno y en nosotros. El desprecio a la vida, anteriormente expuesto, encuentra en la “fiesta” su reencuentro. La vida no es tan desagradable como creíamos, no necesitamos crear sentidos externos y civilizatorios, porque la vida tiene sentido, podemos unificarnos de nuevo. Creo que este es un punto de unión con el gnosticismo. Más allá de su “desprecio a lo material” que por paradójico que parezca no se traduce por odio a la vida, parece que lo que permite, sus juegos de palabras contradictorias es el sostener un sentido por sí mismo. Desconozco si en una comunidad gnóstica todo era misticismo iniciático, pero por obvias razones el reencuentro con la vida sólo existe si hubo un desprecio anterior (la civilización).
El cristianismo hace de Dionisos un hecho fáctico, es decir, no es el símbolo del sacrificio, él realmente es el sacrificio, él nos da el sentido de forma exterior por lo que él no es símbolo del sentido que se encuentra en cada uno. Dos interpretaciones sobre la misma necesidad ¿Cuál es la anómala? Lo pondremos de esta forma, ¿el gnosticismo pudo haber creado una civilización? Si comunidad sólo difiere de civilización por cuestión cuantitativa es posible, pero si sumamos la necesidad de la guerra, el proveer seguridad, el garantizar su orden y la vida, no, o por lo menos no como lo fue. Pero no por esto decimos que tuviera que cambiar su sistema simbólico para dar sentido. Dionisos tomado como una herencia de alguna cultura agrícola y por tal sedentaria y con civilización, muestra la perduración del sistema simbólico, sólo que es muy diferente antes y después de institucionalizarse. Tal vez el gnosticismo en dado caso de haber ganado, hubiese echado mano de su sistema dualista para diferenciar bueno y malo, etc. Pero no podemos sostener que hubiese favorecido la castidad, como lo fue el cristianismo. Pudo haber creado otro paradigma o tabú del cual aun nos estaríamos recuperando. Por poner un ejemplo, el hinduismo no es tan puritano, pero tiene un sistema terrible de castas.
El cristianismo antes de institucionalizase pudo ya haber contenido la castidad con él, pero aun así, él contenía un rito iniciático el cual resignificaba la vida (a su manera). Un contra ejemplo posible es que el cristianismo tenía prohibiciones desde un inicio. Sin embargo argumentaré que en un inicio lo que ambos tenían eran enseñanzas, las cuales a base de perdurar se convierten en prohibiciones. Siguiendo a Vidal (4) el gnosticismo recae dentro de una historia propia y diferenciada de la judía, lo que explica diferencias simbólicas, mas no anomalías simbólicas, esto es sólo nuestra historia proyectada. Si consideramos el helenismo como inicio cristiano (gnóstico y no gnóstico) y la aparente incapacidad de tal civilización para dar sentido, es congruente la aparición de varias alternativas de sentido, las cuales no tienen marca anómala intrínseca, mas es posible que todas o casi todas eran contraculturales en sus inicios, al nacer como respuesta al desencanto de un sistema dado. Si sostenemos lo anómalo como tal, y no como histórico, caemos en juegos de verdades, mientras que ninguno de estos sistemas deja el significado de verdad y sentido fuera del juego, mientras que cada uno se siente fuera del discurso (ese es el sentido de la verdad). Decir que algo es anómalo por sí mismo es comprometerse con un sentido ontológicamente existente fuera de lo humano, que es el mismo juego civilizatorio disfrazado de contracultura.
(1) Necesidad la entiendo como único mundo posible dadas las circunstancias precedentes. Las circunstancias precedentes intentan evadir cualquier rastro metafísico. De esta forma no interpretamos a la civilización dentro de un determinismo o un plan a priori, podemos incluso considerar el azar como marcador de condiciones precedentes, con esto podemos formular enunciados como; “el gnosticismo no perduró porque tenía condiciones que no convenían a la civilización,” haciendo el intento (que no siempre es suficiente) de evadir consideraciones metafísicas.
(2) .Joseph Campbell. El héroe de las mil mascaras. FCE. México 1972 Pág. 73
(3) Evangelio de Felipe. Los evangelios gnósticos. Traducción de César Vidal. EDAF. Pág. 77
(4) Ibíd. 6,7,8,9,10.
Bibliografía
Joseph Campbell. El héroe de las mil mascaras. FCE. México 1972
Evangelio de Felipe. Los evangelios gnósticos. Traducción de César Vidal. EDAF

1 comentario:

atopías dijo...

me parece una muy interesante e inquietante colaboración, querido Roberto, ya casi tienes el ensayo final, muy bien!
de cualquier manera, si puedes sería conveniente que ofrecieras una definición acotada de lo que es "anómalo", a mí me suena de repente como a "anomia", y eso me hace pensar en Durkheim...