jueves, 9 de septiembre de 2010

Gilgamesh

Tomaré como punto de partida que todos los lectores conocen el esquema del Poema de Gilgamesh. Dado que lo que se espera es una “reacción a la lectura”, solamente haré un comentario acerca de los episodios que me parecieron más sugerentes.

Al principio fue el sexo
Toda la problemática que nos introduce al relato -los abusos del rey Gilgamesh y las quejas del pueblo- está relacionada con el sexo. Comienza con el sexo como problema de la civilización (derecho de pernada) y como mecanismo de introducción del sujeto a la misma (el sexo como rito de pasaje a esa misma civilización). Ahora bien, si el hombre sólo es hombre en la civilización (como parece sugerir el relato), podemos inferir que el hombre nunca es hombre por naturaleza; es un animal que se humaniza. El viviente humano no posee, pues, una naturaleza humana desde su nacimiento. Sólo a posteriori y por el contacto con sus semejantes y lo que implican (lenguaje, sexo, cultura) adquiere su naturaleza. El conflicto entre animalidad y humanidad es resuelto por un rito de pasaje: el sexo. No deja de ser sugerente que el rito de pasaje sea el sexo; un acto que -a primera vista- parecería acercarnos antes que alejarnos de nuestra animalidad.
También es importante recalcar el increíble poder que tiene la mujer en este relato: es ella la que posee la clave para entrar en lo humano; efectúa con su sexo el violento arrancamiento de lo animal a lo humano. Un valioso insight acerca del íntimo (y para muchos incómodo) parentesco entre sexo y violencia.
También da mucho qué pensar la idea del encuentro homosexual que podemos extraer del relato. No necesariamente es el encuentro de dos hombres “feminizados”, sino que el mismo aliciente está en una de las manifestaciones más tradicionalmente asociada a la virilidad y al vigor: la batalla y la lucha violenta. El sexo, de nuevo, es un acto que tiene la capacidad de introducir fuertes efectos subjetivos. En el caso de Enkidu y Gilgamesh representa el tránsito hacia la amistad y la fraternidad.

La amistad y el trabajo en conjunto
La fraternidad, la amistad y el trabajo en conjunto pueden lograr cosas sorprendentes como el dominio de la agricultura y el establecimiento de una ciudad. Recalquemos lo increíblemente novedoso que debío haber sido para los sumerios el hecho mismo de establecerse y dejar de vagar como animales en búsqueda de alimento. Me parece que no se puede entender plenamente el orgullo que Gilgamesh reflejará en la conclusión de la tablilla XI si no tenemos en claro lo que debió haber sido para los sumerios la maravilla de la civilización.
Un tema recurrente durante las aventuras de Gilgamesh y Enkidu es el apoyo mutuo en momentos de duda y miedo. Las oscilaciones que a lo largo del relato se dan entre el actuar y el no actuar y la necesidad de un aliciente, un permiso y una concesión de los otros para actuar, me parece que acentúan todavía más esta necesidad de emprender las aventuras en conjunto.

El afán de gloria y la soberbia son el principio del fin.
Recordemos que el motivo por el que Enkidu y Gilgamesh se internan en el bosque para matar a Humbaba es únicamente el afán de gloria. No conformes con matar a Humbaba, humillan a Ishtar con su rechazo, matan al “Toro del cielo” lo desmiembran y lastiman -de nuevo- a Ishtar. ¿Hay acaso algo más soberbio que herir a un dios? Tales empresas son las que acaban por darle muerte a Enkidu.
Por otra parte, la reacción de Ishtar no pudo sino recordarme lo que decía Nietzsche en su aforismo 414 (Las mujeres en el odio) de Humano, demasiado humano...
Tras la muerte y el duelo de Enkidu, Gilgamesh emprende la búsqueda de la inmortalidad. No puede concebir que también él tenga que pasar por el mismo y espantoso tránsito. Sin embargo Utnapishtim le demostrará con una simple prueba que no posee ninguna característica especial para librarse de la muerte.
El reto de Utnapishtim (no dormir durante 7 días) a primera vista puede parecer un poco absurdo. Es una manera de mostrar que Gilgamesh no tiene ninguna facultad especial para merecer el don de la inmortalidad. No resiste estar despierto 7 días completos, ¿cómo podría resistir una eternidad viviendo? Sin embargo, aún no convencido de su condición finita, va en busca de una planta mágica que le concederá la inmortalidad sólo para que le sea hurtada por una serpiente.
Desconsolado regresa a la ciudad “donde la contemplación de sus grandes muros le hace alabar el trabajo duradero”. Se podría decir que ahí cae en cuenta de que aunque la vida de un individuo sea pequeña y finita es, a la vez, infinita en su potencia generadora y destructora. Los “grandes muros del trabajo duradero” sólo adquieren su grandeza cuando están insertos en una esfera en la que la mortalidad, el sufrimiento y los límites son los soberanos.

Acerca del dualismo o “no seréis como dioses”
Es posible ver todo el relato como una especie de advertencia a los hombres. Sin importar las fuerzas y las capacidades que los hombres unidos en comunidad puedan tener, por ningún motivo deben franquear la esfera que los separa de los dioses. Si los dioses fueron los responsables de fundarlos como pueblo y son el sustento común de todos los valores que los mantienen unidos, matar a los dioses es una especie de suicidio. La problemática actual del nihilismo no se aleja ni un pelo de la moraleja que esta historia deja. Si se deja de tener un sustento común al cual suscribamos nuestras más profundas creencias, adviene un relativismo paralizador y estéril. La aseveración heideggeriana “solamente un Dios puede salvarnos” resuena profundamente tras leer el Poema de Gilgamesh.

3 comentarios:

atopías dijo...

me gustó mucho esta colaboración!!

atopías dijo...

ya casi está el ensayo final aquí

Enrique dijo...

No tengo mucho que agregar. Tu texto es muy bueno y seguramente tus siguientes entradas lo serán también.
No olvides citar y si pudieras encontrar una interpretación de la épica de Gilgamesh sería una excelente aportación.