martes, 27 de octubre de 2009

Alquimia, Hinduísmo y Misticismo : un acercamiento al psicoanálisis jungiano

Acaso no ha sido la acusación que se ha hecho a la razón simbólica de ser, justamente como el concepto lo indica, una modalidad de la Razón o especie de intelecto activo que propone relaciones estructurales en las distintas explicaciones, llámense ora argumentos, ora ideas u ora meditaciones que la Razón es capaz de formular, en particular, como elocubraciones prácticas.
Y es que podría llegarse a pensar que la razón simbólica opera a un nivel constituyente no solo de la experiencia empírica misma sino que el mismo pensamiento es estructurado en un cierto orden. Si Kant ha tenido razón, aunque sus conceptos de conocimiento, intuición y razón lleguen a tener una discontinuidad conceptual al leer la Crítica de la Razón Pura – como la ha entendido Schopenhauer -, y por ende su análisis del hombre como ser cuya razón se encuentra sujeta a las condiciones de posibilidad que las formas puras de la intuición disponen para así no ir más allá de la verdad que construye el sujeto como objeto, pueda ser considerado por Hegel como fallido debido a que él no se encontraba dispuesto a asumir una razón formal que fuese como un esqueleto desprovisto de carne y sangre; y a que hay una dialéctica de la conciencia y del devenir de la propia historia del Espíritu, que negarían tal abstracción formalista negando, a la vez, la posibilidad de que semejante construcción de la razón se resguarde de la erosión del movimiento.
A diferencia de mi lectura de Hegel, lo que pretendo rescatar de Kant es la noción de una estructura a priori, solo que en esta ocasión, anterior y necesariamente constituyente del pensamiento mismo. Insertarnos en una subjetividad construída o considerada de tal manera implicaría, también, preguntarnos por el inconsciente. Jung, un tanto fenomenológica y dudosamente, ha propuesto la existencia de una similitud entre ciertas estructuras oníricas y la alquimia. Deseo permanecer escéptico respecto a la cuestión de si es posible controlar o manipular la realidad (¿Realidad?) mediante la práctica de la alquimia o la oniromancia, y deseo también señalar al trabajo de Jung como un importante legado de la filosofía kantiana y hegeliana, y como un importante fenomenólogo de la religión.

Jung, en Psicología y alquimia, afirma “La vivencia de los opuestos nada tiene que ver con una comprensión intelectual ni con un querer identificarse. Habría que llamarla más bien un destino. Tal vivencia puede demostrar a uno la verdad de Cristo y a otro la verdad de Buda, y ello con una evidencia extrema. Sin la vivencia de los opuestos no existe experiencia de la totalidad, y por ende tampoco un acceso interior a las figuras sagradas. Por este motivo el cristianismo insiste, con razón en lo pecaminoso y en el pecado original, con la manifiesta intención de abrir en cada individuo, por lo menos desde afuera, ese abismo de la oposición universal. Desde luego que, frente a un intelecto en cierto modo despierto, este método fracasa, pues sencillamente ya no se cree en la doctrina, y además se la considera absurda[...]A pesar de que la comprensión de los opuestos es indispensable, prácticamente son pocos los que pueden soportarla[...]”

En efecto, partiendo de que el Selbst es un arquetipo de la conciencia (o ¿instancia psíquica?) que nos permite percibir la coincidentia oppositorum, el cristianismo resulta pernicioso para Jung pues establece una antinomia entre mal y bien cuando el Selbst mismo puede ser interpretado como algo bueno y malo al mismo tiempo. ¿Quizá es que el cristianismo se ha olvidado de la vieja doctrina estoica de considerar algunas cosas como neutras, o se niega a aprender la tolerancia que lo acercaría más a las condiciones religiosas y sociales que son consecuencia de la manera de entender la verdad revelada de la India en ese lugar?
A diferencia de Hegel, Jung tiene el conocimiento de un inconsciente que hace dialéctica con el consciente, siendo su dialéctica un proceso oscuro cuyas reglas se encuentran en el lógos del alma, siendo ese lógos algo profundo que la luz apolinea solo puede tocar en su superficie sin una manera clara de profundizar en él y, aun menos, de aprehenderle.

Desde mi interpretación, el camino del místico es el camino que busca reivindicar Jung. El Absoluto, así como el resultado del proceso de descondicionamiento que permite pensar al hombre a la Conciencia, esto es, de aprehender conscientemente al consciente en su juego dialéctico con lo inconsciente y viceversa, son dos cosas inefables – y mientras Kabir hace uso de las estructuras que la razón simbólica le permite utilizar, Jung echa mano del psicoanálisis con una muy particular lectura del fenómeno alquímico : también en la alquimia se busca reunir lo que se ha separado, y en tal lectura, no hay gran diferencia entre los resultados y varias de las operaciones realizadas por el psicoanálisis jungiano, los distintos Shaivismos, varios de los Vaishnavismos advaitas y el movimiento poético bhakta.

El discurso de los anteriores movimientos no es más que un reclamo por la unidad de lo diverso, que puede ser vista a través de distintas modalidades, a saber, una psicoanalítica, una meramente religiosa con matices místicos, y la última meramente mística con matices religiosos. Lo interesante del Hinduísmo, en general, frente al Cristianismo que habría que poner en relieve - además de lo ya expuesto por el psicoanalista rebelde – es que la conciencia arquetípica no solo hace uso del Selbst como condición de posibilidad de síntesis de lo diverso, sino que además, en el caso de la India desde los tiempos védicos, es que, si ese Selbst es de carácter universal, en el caso indio también parece servir para expresar una identidad del yo para, en y con lo Absoluto – y en el caso de los Shivaismos, que hacen de maayaa una función condicionante pero con una clara convicción en el juicio que han realizado, esto es, un juicio ontológico de que lo empírico es algo real en lo Real, el Selbst también identifica plenamente al ser interior (aatman singular y/o colectivo, jiiva) con el Ser (Shiva, Sambhu) aún en la diferencia causada por el velo.

lunes, 26 de octubre de 2009

LA LUCHA DE LA CARNE Y EL ESPIRITU

Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí…
Gálatas 5:17

En el libro octavo de sus Confesiones, San Agustín nos narra cuán difícil fue librarse de los apetitos carnales, sobre todo del deseo del coito, habiendo ya dejado atrás el ansia de gloria y riquezas.
Es esta una lucha intensa, e incluso “hay eunucos que se han mutilado a sí mismos por la gloria de los cielos”; pero dice San Agustín que el gozo del triunfo es mayor en proporción al peligro de la batalla.

La lucha entre la carne y el espíritu simboliza la batalla entre el bien y el mal. En el Enchiridion nos explica que lo que llamamos vicios en el alma no son sino privaciones del bien natural; en cuanto el hombre es una criatura de Dios la maldad es su defecto, el bien se encuentra en la obediencia a Dios mientras lo contrario sólo puede llevarnos a la miseria. El vicio, la maldad, es la corrupción de una naturaleza que fue creada buena, por Dios que es el bien supremo. El mal no existe en la naturaleza, y no se debe culpar a Dios por las fallas de sus criaturas. Aún el vicio que el hábito ha convertido en una segunda naturaleza tuvo su origen en la voluntad, ya que poseemos la capacidad mental de distinguir, a la luz del entendimiento, lo que es recto y lo que no[1] ; de esta voluntad perversa nace el apetito y al obedecerlo surge la costumbre.
En San Agustín luchan las dos voluntades, la carnal y la espiritual:

Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien…
Romanos 7:18

La victoria del Espíritu se revela en la imagen del monje Antonio, el abandono total de lo mundano para seguir a Dios:

Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.
Lucas 14:33

San Agustín se pregunta porqué el cuerpo se apresta a obedecer los mandatos del alma, mientras el alma misma no obedece lo que le dicta su propia naturaleza, esto es lo que llama enfermedad del alma, trasladando la lucha entre el bien y el mal a la propia mente; todo a causa del pecado que habita en nosotros por ser hijos de Adán.
El deseo de agradar a la parte superior (la eternidad, la verdad) y el deseo del bien temporal (inferior, la costumbre) tiran del alma en direcciones opuestas y la desgarran de dolor.
Al final, San Agustín opta por la castidad y la continencia, que no es estéril sino “madre de hijos nacidos de los gozos del Señor”[2], se ensordece ante el clamor de sus inmundos miembros terrestres para no escucharlos hablar de deleites contra la ley del Señor. Su conversión es el abandono de las apetencias y esperanzas de este mundo, de los deseos de la carne:

Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.
Romanos 8:6


[1]Cfr. La ciudad de Dios, Libro XII.
[2] Confesiones, Libro octavo, XI, 27.
MARIA MONTSERRAT RIOS

martes, 20 de octubre de 2009

La tentativa de una breve lectura mística del Cantar

Dios no aparece en el Cantar. Es como si se tratara de la noche oscura en la cual el creador abandona a su creación, o quizá hace como el demiurgo platónico el cual vuelve a su estado habitual. Sin embargo, usar el panopticón platónico para develar la Weltanschauung que nos podría permitir entrever el Cantar resaltaría los elementos masculinos. Después de todo Platón era griego y como podemos observar en su Banquete, un hombre sostiene relaciones interpersonales que son vistas como más ricas, racionales y virtuosas que con una mujer.
Así, una estación de la conciencia más loable desde la cual observar la razón simbólica encontrada en el texto sería una cosmovisión mística, o al menos más femenina, como la ofrecida por un San Juan de la Cruz. Sin embargo, mi intención no es la de trazar y limitar la analogía solamente con el cristianismo o catolicismo medieval, sino también con el hinduísmo.

La India, no obstante su estatuto político de extrema tolerancia, tiene la suerte de tener una sociedad en la cual la movilidad social es difícil debido a un rígido sistema de castas. No por nada se ha trazado una analogía entre el constructo social de la Europa medieval y la India – el criterio imperante recae en el hecho de que las cosas están dadas, tienen una realidad intrínseca (in se et per se) : es decir que hay un sustento metafísico o Realidad transhistórica, transempírica. Tal fundamento ontológico parece tener por consecuencia, en el plano concreto, la ya mencionada cuasi inmovilidad sociopolítica.
También podemos observar en la India un marcado machismo : lo peor que puede sucederle a una mujer es quedar viuda. Tal vez no por nada Xantipa propone argumentos emotivos (berrea) cuando Sócrates está a momentos de beber la cicuta. La mujer no participa en la guerra, no produce capital sino lo contrario. Solo puede servir para asegurar la decendencia.

Es aquí que el Cantar es curioso; no parece lo suficientemente levítico al no buscar sujetar el amor a reglas como lo desearía la obsesión compulsiva judáica : más bien parece más asemejarse a una estructura femenina.
Encontramos entre las metáforas poéticas símbolos que están en el imaginario del Cantar y en el imaginario del poeta bhakta Kabir : agua, fragancias, joyas, música y sonidos. Y es que lo que sucede en el Cantar está permitido pues sucede en el espacio de lo privado, espacio provisto de solo la suficiente luz para que los amantes se fundan. Es en ese espacio donde la subjetividad circunscrita al judaísmo puede cometer el terrible acto de degustar lo femenino.

De una manera análoga, Kabir al rebelarse contra la rigidez social y promover valores contraculturales, hace uso de casi los mismos símbolos.
Dios ya no se encuentra visible en el mundo, ya no puede ser la luz que, aunque no pensemos en ella, se encuentra ahí y nos permite ver lo que hay. Dios se ha escondido para que el hombre lo encuentre en su interior, en su subjetividad, en lo que en el hinduísmo se piensa como una visión interior del espacio interno de su corazón. Y es ahí donde se encuentra lo divino descondicionándose con el Otro.
La razón simbólica debe ser no interpretada desde sus claves masculinas, ahora ha de ser interpretada desde la noche. Y es que en la noche oscura los ojos ya no ven, pero los oídos escuchan y la nariz olfatea.

Así, aunque el Cantar no hable de Dios, todo huele a Él. Es por eso que sea una interpretación loable el ver en el texto la búsqueda de unión entre el ser individual y el Absoluto, aunque la ontoteológia cristiana oficial nos relate la existencia de un Ser totalmente escindido de su creación, justamente la veta mística radicaría en el rompimiento de tal supuesto. Dios está de algun modo en el mundo, es la belleza que hay alrededor de los amantes y se vuelve, a la par, la belleza personal de los amantes. No me atrevería a afirmar que Dios es el mundo, pero tal vez sea o esté en los amantes y, en particular, aflore en su unión. Si Dios es la unión de los amantes se parecería al Eros platónico, y acabaríamos en la necesidad de interpretar en una clave dualista a un acto que podría ser interpretado como Re-conocimiento en una clave monista. De ahí la problematización de que el ser individual vea su unión con el Absoluto en términos de unyo mystica : el alma es creación del Ser, pero no hay identidad entre el alma y tal Ser.
En el hinduísmo también yug o yuj es unión, pero es unión para el ser condicionado que aun no se vuelve consciente de que él mismo es el Ser.
Sin embargo, pretender interpretar al Cantar en una sola dirección es muy difícil. Se presenta una tendencía mística pero no queda claro si está operando desde el símbolo netamente femenino, en el cual los amantes se sumerjen en la experiencia del Amor como cuando uno se adentra al mar. También hay una tendencia no-mística pues la amante busca al otro para unírsele como si se encontrase fuera de su alcance, o como si fuese Dios fuera del mundo.

--- Carlos Montes

lunes, 19 de octubre de 2009

El deseo de los amantes

Karen Hernández Peralta, octubre del 2009.

Amor empieza por desasosiego,
solicitud, ardores y desvelos;
crece con riesgo, lances, y recelos
susténtase de llantos y de ruego.
Sor Juana Inés de la Cruz
Cantar de cantares de Salomón es una parte de la Biblia que resalta por su contenido. A diferencia de otras secciones de la Biblia esta historia está dedicada al amor mundano, al deseo mutuo entre dos amantes. Quizá lo que más sorprenda, no es precisamente el tema, sino la manera de tratarlo. El relato se mueve entre sinuosas insinuaciones eróticas que no son censuradas, más bien, este tinte erótico es lo que caracteriza al poema, “10. ¡Cuán lindos son tus amores! Más que el vino; olor de tus amores sobre todas las cosas aromáticas/ 11. Panal que destila tus labios, Esposa; miel y leche está en tu lengua, y el olor de tus arreos, como el olor del incienso.”[1] Y más adelante, la esposa: “17. Su paladar, dulzura; y todo él, deseo. Tal es mi Amado, y tal es mí querido, hijas de Jerusalén.”[2]

Ahora bien, la historia Cantar de cantares de Salomón es el conflicto de un deseo: los amantes, deseándose, no consiguen estar juntos. Sin embargo, dicho deseo, en vez de decrecer, aumenta. Esto, porque los amantes tienen las posibilidades y la voluntad de cumplirlo. Las limitaciones que se les presentan no son lo suficientemente insuperables para anular el deseo, al contrario, los adhiere con más fuerza a él. Hasta que por fin, éste se cumple.

El amor mutuo que sientes los amantes es completamente explícito en los siguientes versos:

9. Robaste mi corazón, hermana mía, Esposa; robaste mi corazón con uno de los tus ojos, en un sartal de tu cuello.
10. ¡Cuán lindos son tus amores! Más que el vino; olor de tus amores sobre todas las cosas aromáticas.
11. Panal que destila tus labios, Esposa; miel y leche está en tu lengua, y el olor de tus arreos, como el olor del incienso.
[3]

Y ella, por su parte, “Béseme de besos de su boca; que buenos [son] tus amores más que el vino.”[4]; “5. Esforzadme, rodeadme de vasos de vino; cercadme de manzanas, que enferma estoy de amor.”[5]

Pese a este fuerte sentimiento la acción no se concreta. Incluso, se desata el drama:

3. (ESPOSA:) Yo duermo, y el mi corazón vela. La voz de mi querido llama: Abre, hermana mía, compañera mía, paloma mía, perfecta mía, porque mi cabeza está llena de rocío, y mis cabellos de las gotas de la noche.
4. Desnúdeme mi vestidura; ¿cómo me la vestiré? Lavé mis pies; ¿cómo me los ensuciare?
5. Mi Amado metió la mano por el resquicio [de las puertas], y mis entrañas se estremecieron en mí.
6. Levanteme para abrir a mi Amado, y mis manos gotearon mirra, y mis dedos mirra que corre, sobre los goznes del aldaba.
7. Yo abrí a mi Amado, y mi Amado se había ido, y se había pasado, y mi ánima se me salió en el hablar de él. Busquele, y no le hallé; llamele, y no respondió.
8. Halláronme las guardas que rondan la ciudad; hiriéronme; tomáronme el mi manto, que sobre mí tenía, las guardas de los muros.
9. Yo os conjuro, hijas de Jerusalén, que si halláredes a mi querido me lo hagáis saber. Que soy enferma de amor.[6]

Las razones por las cuales los amantes no consiguen estar juntos no se manifiestan de manera tácita en el poema. Sin embargo, se intuye que son por situaciones externas a ellos. Al parecer, no lo bastante determinantes para alejarlos:

9. (ESPOSA:) Yo soy de mi Amado, y su deseo a mí.
10. (ESPOSA AL ESPOSO:) Ven, Amado mío, salgamos al campo, moremos en las granjas.
11. Levantémonos de mañana a las viñas; veamos si florece la vid, si se descubre la menuda uva, si brotan los granados. Allí te daré mis amores.
12. Las mandrágoras si dan olor; que todos los dulces frutos, así los nuevos como los viejos, Amado mío, los guardé para ti.[7]

El deseo se concreta y la historia se acerca a su fin.
La relación entre el deseo de los amantes, de un lado; y las condiciones ajenas a ellos, del otro, generan un tensión dialéctica. Tales condiciones en vez de suprimir el deseo lo alimentan: lo reafirman cuando lo niegan. De ahí que el deseo logre efectuarse.

[1]León, Luis de (1527-1591), Cantar de cantares de Salomón / Fray Luis de León; editor literario Javier San José Lera, Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2008, capítulo cuarto. Todas las citas del presente trabajo corresponden a esta edición.
[2] Capítulo quinto.
[3] Capítulo cuarto.
[4] Capítulo primero: 1.
[5] Capítulo segundo.
[6] Capítulo quinto.
[7] Capítulo séptimo.

El origen de la diferencia entre los sexos en el Génesis bíblico: una variación de la protofantasía freudiana de castración

Como parte del conjunto de nuevos conceptos desarrollados por Sigmund Freud en los albores del siglo XX a raíz de la práctica clínica que bautizó como 'psicoanálisis', se encuentra el interesantísimo concepto de protofantasías o fantasías originarias [Urphantasien]. Las protofantasías son estructuras típicas de las fantasías del sujeto que el psicoanálisis reconoce como fundantes y organizadoras de la vida de la fantasía, independientemente de las experiencias personales de los sujetos.
Entre las protofantasías freudianas, una de las más interesantes, y de la que me serviré aquí quizás con demasiada laxitud, es la fantasía de castración. Dentro de la teoría freudiana, el tema de la castración es muy complejo y está relacionado con otros conceptos centralísimos como el Edipo, el Falo, el deseo y el goce y por supuesto, la madre. Sin embargo, lo que me interesa en este texto de la protofantasía de castración es que, como han pensado algunos intérpretes de Freud, la fantasía de castración responde a la interrogante sobre la diferencia entre los sexos.
En Génesis2.25 dice: “Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban”. Es este estado idílico Adán y Eva pueden estar desnudos sin avergonzarse porque aún no conocen “el bien y el mal” (léase diferencia entre los sexos). Aquí no hay diferencia entre los sexos puesto que los sujetos suponen que todos los cuerpos están erotizados del mismo modo (no se avergonzaban); a esta suposición es a lo que el psicoanálisis se refiere cuando habla de 'Falo': es la premisa universal del pene. En este mismo estado se encuentra el pequeño Hans, paciente de Freud, cuando sueña que puede verle 'la cosita' a su madre.
Lo terrible, como ya sabemos, sucede después. En 3.4-5 dice: “Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comais de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal”. Y entonces mira Eva el arbol y lo encuentra codiciable y toma su fruto y come de él y los mismo hace Adán. “Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos”. (3.7).
¿Por qué están ligados hasta confundirse el conocimiento del bien y del mal con la vergüenza frente a la desnudez del otro en estos pasajes? Si entendemos estos pasajes en términos de la castración freudiana podemos encontrar cierta coherencia.. Para Bernard: “La fantasía de castración sería el rastro del hiato que separa los pares de categorías”.
Lo que Adán y Eva debían conocer cuando comieran el fruto era lo que Dios sabía; y sin embargo lo que conocen inmediatamente es la vergüenza por la desnudez. ¿Por qué? Porque el dualismo es primigeniamente construido como la diferencia de los sexos y esta tiene un caracter particular entendida de esta manera: es el conocimiento de que hay algo que sobra porque falta. Hay, entre Adán y Eva un pene que sobra, porque ya no es la premisa universal de la fase fálica, sino el pene que Eva no tiene y que Adán puede no tener. Por eso, en términos de Lacan la castración se caracteriza como que “no hay relación sexual”; porque la diferencia entre lo sexos está marcada de por una falta que sobra.

miércoles, 14 de octubre de 2009

SOBRE EL EVANGELIO DE TOMAS

SOBRE EL EVANGELIO DE TOMAS

“La Iglesia tiene sólo cuatro evangelios, los herejes muchísimos, entre ellos uno
que se ha escrito según los egipcios, otro según los doce apóstoles. Basílides se atrevió
a escribir un evangelio y ponerlo bajo su nombre… Conozco cierto evangelio que se
llama según Tomás y según Matías; y leemos otros muchos…”.
Orígenes, (185-254 d.C.)

En el Imperio Romano se toleraba la autonomía religiosa y cultural de los pueblos sometidos, de ahí la variedad de sectas, corrientes y escuelas de pensamiento.

Las enseñanzas de Jesús el Nazareno, en un principio transmitidas de manera oral, pronto necesitaron de una fijación escrita, a medida que moría la primera generación de apóstoles y el mismo Evangelio se dispersaba por el mundo.

Los evangelios canónicos (de canon, regla, modelo o norma en griego) son los que se tuvieron y reconocieron como inspirados, considerados “palabra de Dios viva”; escritos en el siglo I por los apóstoles o sus discípulos directos (Marcos, Mateo, Lucas y Juan).

En cuanto a los llamados evangelios apócrifos (que en griego significa oculto, escondido, pero también tiene la connotación de algo “supuesto”, “fingido” o “falso”) se refieren a las enseñanzas que no corresponden a la ortodoxia de la fe predicada por los apóstoles.
Con el tiempo, a estos se agregaron los llamados evangelios gnósticos, dirigidos a grupos reducidos de iniciados, quienes serían depositarios de conocimientos esotéricos con una fuerte influencia de filosofías originarias de Oriente Medio.

Fueron los padres de la Iglesia quienes comenzaron a aplicar el término apócrifo a las obras que se consideraban heréticas, es decir, contrarias a la fe. De ahí que estos evangelios sean refutados por la Iglesia desde su aparición a partir de la segunda mitad del siglo II.

Generalmente, los llamados evangelios apócrifos se ocupan de una sola etapa o elemento de la vida de Jesús; se pueden clasificar en cuatro grupos:

Evangelios de la infancia
Evangelios de dicho (entre los que se encuentra el de Tomás)
Evangelios de la pasión y resurrección, y
Diálogos del resucitado.

Las enseñanzas que se conservaron de esta manera tienen un marcado carácter esotérico y casi ninguna relación con el Jesús terrenal. Un grupo de estos evangelios, escritos o elaborados por grupos gnósticos, fueron encontrados en 1945 en Nag Hammadi en las ruinas de un antiguo monasterio copto.
Recordemos que en el gnosticismo se sincretizan doctrinas persas e hindúes con otras procedentes de escuelas filosóficas griegas, e incluso elementos de la tradición judía, se buscaba un conocimiento no de tipo intelectual sino espiritual o intuitivo; con el objeto de alcanzar la propia naturaleza divina y eterna “encerrada” en la cárcel del cuerpo.
Para los gnósticos, Jesús no es el Hijo de Dios, sino un principio cósmico, un maestro de sabiduría.

En cuanto al Evangelio de Tomás, se le data a finales del siglo IV d.C., y es más bien un conjunto de dichos y parábolas usadas por la secta de los maniqueos. En éste, el Reino de Dios sería un estado espiritual que el gnóstico alcanza mediante un conocimiento profundo de sí mismo y del universo; la salvación, en todo caso, será un acto de conocimiento, no de fe ni de acatamiento del mensaje de Cristo.
El Evangelio de Tomás se encuentra a la fecha en el museo de El Cairo.

Los evangelios apócrifos llegaron a influir en el arte, en historias populares, en mucha menor medida en la liturgia, pero nunca llegaron a ser considerados en el Canon.

Merece también mencionarse el Evangelio de Judas, que ya era refutado por San Ireneo en su obra Adversus Haereses, y que es atribuido a la secta gnóstica de los cainitas:

“…y dicen que Judas el traidor fue el único que conoció todas estas cosas exactamente, porque sólo él entre todos conoció la verdad para llevar a cabo el misterio de la traición, por la cual quedaron destruidos todos los seres terrenos y celestiales. Para ello muestran un libro de su invención, que llaman el “Evangelio de Judas”…”
(Adversus Haereses ,4.1.4; 31,1)
MARIA MONTSERRAT RIOS

martes, 13 de octubre de 2009

Los choques de la visión


I

Caminar sin rumbo, es sin duda una forma de buscar una dirección que se desconoce hasta ese momento. El simple hecho o asentimiento de iniciar la acción o detenerla, nos conlleva a la idea necesaria de tener siempre que plantear y determinar la dirección y el sentido de nuestro actuar y pensar. Somos incapaces de actuar sin concebir de antemano, de que con ello produciremos un efecto que aunque no sabes cuál sea, repercutirá en nosotros. La psique se forma y moldea con cada acto realizado, la correspondencia de idea-objeto comienza, y con esto la construcción de expectativas, apreciaciones, usos, prácticas o costumbres, empiezan a forjarse y a dirigir nuestra forma de dirigirnos en el inmenso plano en que nos encontramos.

Toda tradición humana se enfoca a satisfacer ésta expectativa. El sólo hecho de tratar de explicar cualquier fenómeno natural que se presente ante nosotros, en primera, provoca un sentimiento de perturbación, por aquello que me es ajeno, en donde no me reconozco y tomo por amenaza, es quizá en este momento cuando más que nunca, necesitamos de un otro reconocible, que nos ampare o simplemente que nos ayude a enfrentar dichos sentimientos de fobos. La colectividad nos brinda seguridad, y con ella el desarrollo e intercambio de creencias e ideas. La religiosidad sólo nace cuando se esta en interacción con otros.

Sin embargo, los seres humanos como seres creativos y distribuidos de manera desigual en el mundo, concibe y proporciona para sus cuerpos colectivos, una visión del mundo, una valoración de su ser inmerso en él. Lo sagrado y lo divino no parte del encuentro fortuito de los hombres, sino de la necesidad de cercanía que requieren para sobrellevar, la tarea de forjar un sentido al sin sentido del mundo. Apariencia o realidad expresa, el mito será el heredero de ésta primaria concepción.

Vivir insertados en un mundo pre-construido (porque nunca está del todo construido; reconstruyéndose y reafirmándose en su constitución más elemental), nos hacen rechazar y olvidar, muchas veces la cuestión de indagar el porqué de aquello en lo que creemos y el porqué lo hacemos.

La visión del pueblo hebreo (de los que hablan ivrít), será el promotor de gran parte de la concepción de un mundo supraterreno, que cobra relevancia al fijarse en la miserable condición humana. Hay un comentario de Alejandra Cukar e Igor Zabaleta, en donde viajan a las raíces más profundas y secretas de la tradición judaica, en las que se toca la memoria del pasado, la riqueza (o carencia) de su léxico pero la ambigüedad presente en sus declaraciones más piadosas; exponiendo que el judaísmo no fue ni es al parecer un monoteísmo, sino un henoteísmo que ha evolucionado hasta perfeccionarse internamente, llevando al poder a un solo dios, carente de todo parentesco, poder compartido o envidia que otros dioses pudieran tenerle. Las tribus más solitarias y carentes de un abrigo sobrenatural, se identifican con este dios solitario, a través de sus historias, mitos y costumbres. Son nómadas, tribus que se alían y forma una unión bajo los líderes familiares tribales. Aquí en donde la tradición de Abraham, Yitzhak y Ya’kov adquieren sentidos si consentimos que son la vivencia colectiva idealizada, sólo por tratar de asegurar algo que no le pertenece: el sentido correcto de interpretar su destino presente.

La visión, cualquier visión de cualquier pueblo, contiene choques y paradojas internas que tratan de mantener un dualismo, una dicotomía entre lo indestructible y reconocible dentro y fuera de nosotros, con lo que efectivamente caduca y no es posible aprehender. De las confrontaciones entre una visión y otra, no se crea el mundo, ni el sentido propiamente de éste, no es una cuestión maniquea; los enfrentamientos de visiones dotan al intelecto humano el tratar de estimular su creatividad, par construirse así mismo. Dandose sentido propio, otorga a su existencia el poder de hacer frente a es inmencidad que nos revasa, y que podemos llamar orden.
Ahora, seguiré con la herencia del pensamiento judío ligado de mala manera con el cristianismo (en todas sus formas), nos ha dejado no sólo desde una disyuntiva mal entendidad, sino que además nos ha trasmitido nuevos problemas a la concepción propia del ser humano....
Por David Z. Castillo